Viernes de la 21ª Semana
FUERZA Y SABIDURÍA DE DIOS
Dios quiere de nosotros que vivamos una vida sagrada y sin desenfreno (1 Ts 4,3) Para realizar la llamada de Dios a una vida santa, el Señor nos ha dado su Espíritu (1 Ts 4,8), que con su sabiduría y su fuerza nos encamina hacia la santidad.
San Pablo estaba lleno de la fuerza y sabiduría de Dios para anunciar la Buena Noticia, que se condensa en Cristo crucificado. Aceptar, amar, abrazar y entregarse a Cristo en cruz nos consigue que del Corazón de Cristo, abierto por una lanza, broten y pasen a nosotros la fuerza triunfadora de su Cruz y la sabiduría secreta que brota de sus labios moribundos.
En Cristo crucificado aprendemos a amar, a perdonar y a entregarnos a los demás como Cristo se entregó por nosotros. Tener con nosotros a Cristo crucificado es estar recibiendo su luz, su poder y su vida.
Donde está Cristo está también su Espíritu. Entre las personas de la Trinidad santa hay una comunicación total de los dones propios, y así resulta que en el Banquete de bodas del Reino están juntos Cristo, el Esposo que llega (Mt 25,6), y el Espíritu Santo, que se hace presente en el Banquete del Reino como óleo y aceite, que sazona los manjares, alumbra nuestras lámparas (Mt 25,7).
Sin el aceite del Espíritu, que da la luz y la fuerza para la espera del Esposo, nadie entrará en el banquete del Reino de Dios. «No os conozco» (Mt 25,12), dirá Cristo a las vírgenes necias que no tienen el óleo del Espíritu.
Padre Santo: danos tu Espíritu, para que no seamos necios y sepamos vivir la vida santa a que nos llamas. Danos la sabiduría y la fuerza del Espíritu para que amemos la cruz de Cristo y nos entreguemos a Él, que primero se entregó por nosotros.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.