Viernes 2ª Semana de Adviento (Ciclo C)
LAS OBRAS DE LA SABIDURÍA
«La sabiduría de Dios queda justificada por sus hechos» (Mt 11,19). Las obras que dimanan de la sabiduría de Dios, prueban su grandeza, su perfección y su verdad. Las acciones admirables de Dios, de Jesús, de María y de los santos demuestran cómo está viva la sabiduría de Dios en medio del mundo, que se cierra insensato a la luz divina. «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien» (Is 48,17). Este es el papel de la sabiduría de Dios. Cuando la gente preguntaba sobre Jesús: «¿de dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros?» (Mt.13,54), deberían haber concluido que las obras y los poderes de Cristo eran manifestaciones claras de la sabiduría de Dios. Cuando Cristo se acercaba a los pecadores, eso entraba en los planes de la sabiduría y la bondad de Dios. En cambio, como el mundo «no estaba abierto a la sabiduría de lo alto, criticaba esta actitud de Cristo como amigo de publicanos y pecadores» (Mt 11,19). La pasión y la muerte de Jesús son obras de la sabiduría de Dios para salvar a la humanidad, y la cruz de Cristo, que es sabiduría de Dios para los que se han de salvar, es necedad para los que se cierran a la luz del Señor, fuente de todo saber.
Las obras buenas de María Santísima y de los santos justifican la actuación de la sabiduría de Dios en ellos. Existe una variante de Mateo 11,19 que dice: «la sabiduría queda Justificada por sus hijos». En efecto así sucede. También los hijos de la sabiduría justifican y dan gloria a Dios con sus vidas. Ellos nacieron de la sabiduría divina, fueron guiados e iluminados por ella, conocen los secretos de Dios, sus horas y sus momentos. La ciencia de Dios es acogida por sus hijos como una fuerza y una luz nueva en sus corazones, y esta luz brilla y glorifica a Dios ante los hombres: «Que así brille vuestra luz ante los hombres de modo que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre del cielo» (Mt 5,16).
Éste es el destino maravilloso de los hijos de Dios: glorificar su nombre, su santidad, su sabiduría y su grandeza. En cambio, nuestras obras malas nos convierten en hijos de las tinieblas sin la paz y el resplandor de Dios. «Si hubieras atendido a mis mandatos, dice el Señor, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar» (Is 48,18).
Señor Jesús: queremos que la luz de tu sabiduría penetre nuestro ser hasta hacerlo luminoso en obras, pensamientos y palabras. Que Santa María, Sede de la Sabiduría, consiga para nosotros la gracia de que nuestros hechos den razón a tu sabiduría divina y devuelvan a tu Padre la gloria y el honor que le son debidos como Dios y como fuente del eterno saber. Amén.
«No busquéis sólo la sabiduría mundana, que enorgullece y aparta de Mí. Buscad mi verdad, mi sabiduría oculta y mi vida abundante. ¿De qué os sirve ganar el mundo, si me perdéis a Mí y condenáis vuestras almas al fuego inextinguible? Recibid mi sabiduría, mi luz y mi Espíritu. El que me sigue tendrá la luz de la vida».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.