Viernes de la 27ª Semana
LAS BENDICIONES DE ABRAHÁN
Siempre está cerca de nosotros el día del Señor (Jl 1,15), que vendrá sobre nosotros como bendición o como azote. Dios prefiere darnos sus bendiciones antes que su castigo. En nuestras manos está el elegir lo uno o lo otro.
Danos, Señor, las bendiciones prometidas a la descendencia espiritual de Abrahán; derrota en nosotros a Satanás y al pecado; justifícanos por la fe con tu gracia y llénanos de tu Santo Espíritu.
Con el dedo de Dios, esto es, con el poder del Hijo y del Espíritu, echa fuera Jesús a los demonios (Lc 11,20). Cristo es más fuerte que Satanás y le quita las armas en que se fiaba y le arrebata el botín adquirido (Lc 11,22), los hombres sometidos y esclavizados a Belcebú. Cristo es la gran bendición prometida a Abrahán y en Cristo se realizan en plenitud las bendiciones prometidas a la descendencia del antiguo Patriarca. Por la fe en Jesús, pasan a nosotros esas bendiciones y promesas de Dios.
Que no falten, Señor, en tus templos vivos, los hombres, ofrendas, libaciones y sacrificios (Jl 1,13).
Que no falten en tu Iglesia hombres y mujeres de fe, que atraigan las bendiciones de Dios, como Abrahán, sobre el mundo. Y tú, María, Madre de Dios y Madre nuestra, mujer de fe llena de las bendiciones de Dios y bendita descendiente de Abrahán, alcánzanos los dones del Altísimo para que cada día le sirvamos con más fidelidad. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.