Viernes 16 de marzo

16.03.18

Viernes 4ª Semana de Cuaresma

NO CONOCEN LOS SECRETOS DE DIOS

Los impíos «se engañan y se equivocan porque los ciega su maldad y no conocen los secretos de Dios» (Sb 2,21-22). Se les habla del Mesías y Salvador de los hombres y lo rechazan diciendo: «Sabemos de dónde viene» (Jn 7,27). Creen que es galileo y se engañan porque es de Belén de  Judá; creen que es sólo hombre, mientras que ignoran que «procede del veraz, que le ha enviado» (Jn 7,29) y rechazan su origen divino.

A Dios sólo se le conoce bien por la revelación, por la fe y desde una vida de justicia y de amor. Él sabe las limitaciones de nuestra razón humana y de nuestro lenguaje para conocerlo y expresarlo. Por eso, Dios misericordiosamente se nos revela, sobre todo, en su Hijo, reflejo de su gloria, impronta de su ser y Palabra completa de su misterio. El Hijo «nos declaró que conoce a Dios y que se da el nombre de Hijo del Señor» (Sb 2,13). Él es el único que conoce los secretos de Dios (Sb 2,22).

Su palabra profética y de conocimiento sigue hoy resonando en la Iglesia y si «pusiéramos los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad» (Juan de la Cruz), se nos revelarían muchas verdades secretas de Dios. Como María, nuestra Señora, es la que más profundamente contempla al Padre y al Hijo. Ella es la que conoce más verdades de Dios, la que acumula más palabra profética que las otras criaturas y la que recibe más palabras de sabiduría para la salvación de sus hijos los hombres. Por eso, no ha de extrañarnos que un mensaje de María se oiga con más interés y se entienda mejor que la docta palabra de un teólogo. María está acostumbrada a comunicarse con los humildes y los niños desde la luz del Espíritu Santo.

Revélanos, Madre de la Iglesia, los secretos de Dios; danos la luz de tu Hijo y sus palabras de conocimiento y ciencia que nos guíen a la verdad completa de Dios. ¡Nuestra Señora de la Luz: apresura la «hora de Dios» (Jn 7,30) para que conozcamos mejor a tu Hijo divino y Él sea en nosotros glorificado Amén!

«Yo quiero hablaros de los misterios de mi Hijo en el silencio de vuestra oración Conmigo y en el secreto de vuestro corazón. No me envió mi Hijo a disertar en los centros de la ciencia teológica, sino a dialogar en el corazón de los sencillos y humildes, necesitados de salvación. Preguntadme y yo os responderé».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B  –  Ceferino Santos S.J.