Viernes 17 de enero

17.01.25

Viernes 1 ª Semana

JESÚS, CENTRO DE TODO

Tendemos a andar dispersos, desunidos y separados como personas y como grupos. Necesitamos metas comunes, personas con poder de convocatoria y fuerzas que aglutinen y unifiquen. Las doce tribus de Israel pensaron que podrían tener un poder unificador en la persona de un rey (1 S 8,5) y que con su nombramiento se evitaría la dispersión. El pueblo escogido de Dios estaba olvidando que Yahveh era su verdadero Rey y su punto estable de unidad duradera. Sus reyes no lograron la unidad profunda de Israel.

La tierra prometida fue otro ideal unificador del pueblo de Dios. Pero la tierra esperada tampoco unificó plenamente al pueblo, pues nada terreno proporciona soluciones definitivas.

Cuando Jesús se presenta entre los hombres se convierte en un verdadero Centro de atracción y de convergencia: «Acudían tantos a Él, que no quedaba sitio» (Mc 2,2). Al paralítico del evangelio cuatro hombres tienen que descolgarle por la azotea (Mc 2,3), para que Jesús le vea, le perdone y le sane. Cristo, el Señor, quiere atraerlo todo hacia sí como perdonador de los pecados (Mc 2,5) y, como salud de los enfermos (Mc 5,11). Él es todo para todos (Eclo/Si 43,27). Él es el centro de todo, centro de justos y de pecadores, centro de los creyentes que al converger en su persona quedan unidos y separados cuando buscan intereses periféricos, por muy religiosos que sean. Cristo es el centro de los sacramentos y de la liturgia y el centro de la Palabra de Dios, que leída en clave de Cristo, cobra un nuevo sentido espiritual unitario.

Señor: ayúdame a leer tu Palabra y a meditarla desde Ti, que eres su sentido profundo, su clave y su Centro. Tú, que eres Palabra de Dios viva y hecha carne, ayúdame a entender tu Palabra escrita y revelada, como Tú la entiendes y la vives.

Danos fuerza para vivir siempre unidos a tu Palabra y a tu Persona divina, que comunica la vida eterna.

Cristo: Tú estás en el centro de la Trinidad Santísima, en el centro de la fe y en el centro de la Iglesia. Céntranos y unifícanos en Ti a tantos hombres divididos y descentrados. Compadécete de nuestros descoyuntamientos, desequilibrios y divisiones, que nos apartan de Ti, Centro único y duradero de toda la creación, hecha para Ti y para tu gloria.

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.