Viernes 3ª Semana de Pascua
TRANSFORMADOS EN ÉL
El encuentro personal con Cristo supone una progresión importante para la vida del creyente. En Saulo de Tarso su vivencia personal de Jesús comienza con una iluminación de fe: «Soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch 9,5). Cristo, al tener un encuentro vital con nosotros, nos hace cambiar de vida, de pensamientos y de camino; de perseguidores pasamos a ser discípulos, de alejados a amigos íntimos y nos abrimos a su Persona divina y a su verdad: «Jesús es el Hijo de Dios» (Hch 9,20) para nosotros y para el mundo.
Como discípulos convertidos a Jesús nos abrimos a sus enseñanzas en el Evangelio y en la Iglesia: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que Yo os mando» (Jn 15,14). Jesús nos ha hecho sus discípulos y nos enseña «todo lo que ha oído al Padre» (Jn 15,15). El Señor al Pablo, recién convertido, lo tiene varios días en su escuela y le descubre su persona, su doctrina y también «lo que tiene que sufrir por su nombre» (Hch 9,16). Todo servidor de Jesús se enfrenta, como su Maestro, con las dificultades, la prueba y el sufrimiento; pero Cristo nos enseña a soportarlo y a vivirlo todo con Él. Así Dios nos transforma a imagen de Cristo paciente.
Él nos hace defensores de sus enseñanzas, y esto trae sufrimientos de parte de los que las atacan a ellas y a nosotros. Tenemos que ser fuertes en la fe, firmes en la verdad y constantes en el amor. Nos abrimos como amigos de Jesús también a su vida. Él nos comunica su carne y su sangre para que tengamos su vida en nosotros (Jn 6,53). Así, «Él habita en nosotros y nosotros en Él» (Jn 6,56). Cristo es nuestra vida y vive en nosotros y nosotros por Él (Jn 6,57).
Es Cristo quien nos transforma en Él y así vivimos su vida y su verdad. Según vamos asimilando su mensaje y su vida, nos va haciendo trasmisores de su Palabra y evangelizadores de su vida. Pablo «se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios» (Hch 9,20). Hoy sería útil predicar gratuitamente en las parroquias (que son como las sinagogas de hoy) a la persona de Jesús y a la vida eterna que nos trae. No podemos vivir nuestra fe aislados. Hay que comunicarla, tal vez, puerta a puerta, casa por casa, parroquia por parroquia y así veremos la gloria de Dios con persecuciones.
«Yo salgo a vuestro encuentro, como hice con Pablo, para deciros quién Soy. Quiero haceros instrumentos míos para dar a conocer mi nombre glorioso. Quiero enseñaros a sufrir por mi nombre. Quiero que viváis por Mí, alimentados con mi Cuerpo, mi sangre y mi Palabra. Venid a Mí y os haré mis imágenes vivas».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.