Viernes de la 17ª Semana
UN CULTO PROFUNDO
A Dios le agrada un culto integrado y profundo, donde el hombre interior y el exterior vayan armoniosamente a una en sus plegarias, gestos, ritos y oblaciones. En el reinado de Joaquín los ciudadanos de Judá entran en el templo a adorar a Dios (Jr 26,2), pero rechazan las palabras que Dios les dirige por Jeremías y atacan al mismo profeta, al que apresan diciendo: «Reo es de muerte» (Jr 26,8). El culto verdadero no puede reducirse a exterioridades y apariencias, olvidándose de los mandamientos de Dios: no matarás ni odiarás a tu prójimo.
En la sinagoga de Nazaret, el culto de sus habitantes era bastante superficial. Causan asombro los milagros y la sabiduría de Jesús (Mt 13,54), pero desconfían de Él (Mt 13,57), porque es el hijo del carpintero y sus parientes viven entre ellos (Mt 13,55-56). De nuevo, la superficialidad y los criterios subjetivos y humanos impiden que se acepten los planes sabios y profundos de Dios.
El peligro del culto superficial radicaba en ofrecer oblaciones externas, sin que las acompañasen oblaciones interiores desde el propio yo del oferente. El culto profundo e integrado ante Dios exige una adoración «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23), nacida de lo más profundo del espíritu del hombre y del Espíritu de Dios.
Concédenos, Señor, vivir un culto a Ti auténtico y hondo, que transforme nuestros corazones y que actúe en los espíritus de los que en él participan. Que no nos detengamos en las apariencias superficiales de las formas del culto y podamos participar en él con la oblación sincera de nuestro propio ser, ofrecido y dedicado a Ti, Dios nuestro.
«Someteos a mi querer y a mi Palabra. Adoradme en lo más profundo de vuestro espíritu. Llenaos de reverencia amorosa hacia mi Persona divina, también cuando me descubráis bajo la humilde apariencia del hijo del carpintero (Mt 13,55a). Aprended de San José, mi padre legal, a vivir una adoración profunda y reverente».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.