Viernes de la 15ª Semana
SEÑOR DEL TIEMPO Y DE LAS HORAS
Dios nos ha regalado el tiempo, los años, los días y las horas para servirle; pero no somos dueños de los días y las horas, sino sólo humildes usuarios del decurso de la vida. Hay días y momentos más señalados que otros, porque en ellos vivimos una peculiar actuación de Dios. Para los judíos, el día diez del primer mes de su año lunar (Ex 12,2) era un día memorable para todo Israel, (Ex 12,14), porque el Señor había pasado hiriendo de muerte a todos los primogénitos de Egipto y liberando a su pueblo, Israel, de la esclavitud. Era el gran día de la Pascua o paso del Señor. Damos gracias de un modo especial a Dios por esos momentos, en que se hizo presente en nuestras vidas y nos protegió y nos salvó.
Dios y Señor nuestro: Tú eres el dueño de las horas y de los días. ¡Gracias por todos y cada uno de los que nos concediste de Vida! Haz que Te sirvamos en todos ellos con fidelidad y no malgastemos el tiempo de gracia que nos regalas.
Jesús recibió de su Padre el señorío sobre la historia y sobre sus días. Por eso, Jesús es el «Señor de sábado» (Mt 12,8), al igual que su Padre, y puede disponer del sábado como dueño, permitiendo que sus discípulos froten los granos de las espigas para comérselos en el día del descanso sabático (Mt 12,7), sin incurrir en culpa moral alguna. También los sacerdotes del Templo antiguo trabajaban en sábado sin cometer falta (Mt 12,5).
Señor Dios nuestro: los días y las horas de nuestras vidas están contados en tu presencia (Tb 14,5). Haz que Te sirvamos con constancia y fidelidad cada hora. Juzga con misericordia las obras de nuestras manos, como lo hiciste con tus apóstoles aquel sábado. Concédenos que te glorifiquemos por toda una eternidad dándote gracias por el tiempo que nos concediste para servirte y alabarte. Amén.
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.