Propio del 22 Diciembre
CONSAGRADOS AL SEÑOR
Hay hombres y mujeres perfectamente dedicados al servicio de Dios y de su Templo. Samuel, el niño inesperado, es cedido mientras viva por Ana, su madre agradecida, para el Señor y su casa en Siló (1 S 1,28). María, la Madre de Jesús, es la mujer perfectamente consagrada al Señor desde el primer instante de su ser y para siempre. Su alma está dedicada a «proclamar la grandeza del Señor» (Lc 1,46). Su espíritu está centrado en Dios, su salvador y su gozo (Lc 1,47). Como el Señor ha hecho a María, totalmente suya, podemos «llamarla bienaventurada con todas las generaciones» (Lc 1,48) y gozarnos con Ella en Dios, pues por su medio nos ha alcanzado la misericordia de Dios de generación en generación (Lc 1,50). La fuerza del brazo de Dios, que dispersa a los soberbios y potentados, protege y exalta a los humildes (Lc 1,51-52).
¡Gracias, Padre, por todos los hombres y mujeres que a lo largo de los siglos Te consagraron sus vidas y Tú los elegiste para ser piedras vivas en el Templo de tu Reino!
Que ellos intercedan sin descanso por nosotros.
Que disminuyan cada día los hombres y mujeres que se entregan a su envilecimiento, a sus pecados y a su perdición eterna.
Te lo pedimos, Padre, por tu Hijo amado, que se hace hombre para salvarnos. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.