Viernes 5ª Semana de Cuaresma
SIENDO HOMBRE TE HACES DIOS
La controversia ha girado durante siglos en torno a la misteriosa persona de Jesús. Unos le defienden como Hijo de Dios y, a la vez, hijo del hombre; otros atacan y niegan su divinidad. Cristo ha sido bandera discutida y señal de contradicción (Lc 2,34) en medio de los hombres. El ataque de los sacerdotes judíos de ayer y de los increyentes de hoy se centra en la divinidad de Jesús: “Tú, siendo hombre te haces Dios» (Jn 10,33). No logran captar el misterio de la fe de un Dios hecho hombre.
Fue Adán el hombre que quiso ser como Dios (Gn 3,5), y su ambición y su orgullo le hundieron a él y a sus descendientes en el desagrado de Dios y en el pecado. Cristo, el segundo Adán, es el que va a enseñar a los hombres a divinizarse y a ser hijos adoptivos de Dios. Fue el Verbo de Dios y Dios de Dios el que verdaderamente se hizo hombre (Jn 1,14), para que desde ahora podamos decir con plenitud que «el hombre Jesús se hizo Dios» (Jn 10,33).
El Dios, hecho hombre, demuestra su divinidad con sus obras: «Si hago las obras de mi Padre, creed a las obras, aunque no me creáis a Mí, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en Mí y Yo en el Padre» (Jn 10,38). Juan Bautista «no hizo ningún signo» (Jn 10,41), pero algunos judíos quisieron tenerlo como el Mesías, ungido de Dios (Jn 1,20). Cristo, mayor que el Bautista, hace las obras manifestativas del Mesías (Jn 7,21-22) y, sin embargo, es rechazado: «Os he hecho muchas obras buenas por encargo de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?» (Jn 10,32).
Nosotros, Cristo nuestro, Te aceptamos como verdadero hombre y verdadero Dios. Tú no te haces Dios. Ya lo eras desde siempre y tus obras son actuaciones salvadoras de Dios. Creemos en tus obras. Sabemos que Tú eres el Hijo de Dios vivo, que Te has hecho hombre por nuestra salvación. Te recibimos en nuestras vidas, porque sabemos que a los que Te reciben, Tú los haces hijos amados de tu Padre, por tu gracia los divinizas y, siendo hombres, nos haces participar de tu divina gloria. ¡Gracias, Señor!
«Quiero que seáis verdaderos hijos de Dios en vuestro ser y en vuestra conducta. Sed santos porque mi Padre es santo. Cumplid las obras santas de los hijos de Dios».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.