Viernes 24 de noviembre

24.11.23

Viernes de la 33ª Semana

CASAS DE ORACIÓN

Casas de oración (Lc 19,46) no lo son únicamente los templos edificados por los hombres para dar culto a Dios. Casa de oración tenía que ser el Templo de Jerusalén, que en el mes del Casléu (noviembre-diciembre) dedicó y purificó Judas Macabeo (1 M 4,52) para ofrecer sacrificios de comunión, adoración y de alabanza (1 M 4,56). En el mismo Templo restaurado entró Jesús un día y se puso a echar a los vendedores, porque el Templo tenía que ser «casa de oración y no cueva de bandidos» (Lc 19,45-46).

Casa de oración podemos ser también cada uno de nosotros, con tal de que Cristo habite con su Espíritu en nuestro interior y no intentemos retirarlo del centro de nuestras vidas, como pretendieron los judíos (Lc 19,47). Cuando Cristo mora en nosotros, tenemos que estar pendientes de su palabra y de sus labios (Lc 19,48) para que sus mensajes sean escuchados, meditados, gustados y asimilados en el templo de nuestro espíritu.

Cuando en nuestra casa interior de plegaria haya demasiado ruido y distracciones, tal vez, tengamos que refugiarnos para orar en la Casa de oración de la Santa Humanidad de Cristo, desde el templo de su divinidad y desde dentro de su Corazón, para unirnos a su oración incesante por nosotros desde cada Eucaristía y desde el trono de su gloria.

Casa maravillosa y pura de oración ardiente y templo excelso del Espíritu Santo siempre lo fue y lo es Santa María Madre de Dios, tabernáculo del Altísimo y casa de oración continua por sus hijos los hombres. Con María queremos meditar y orar; con María intercedemos por el mundo y nos quedamos en el sagrario de su Corazón misericordioso hasta que nuestras almas encuentren salvación, paz y descanso. Con María Santísima como maestra de oración aprenderemos a orar y a ser templos vivos de Dios.

Señor Jesús: enséñanos a orar Contigo y con tu Madre en tu escuela de oración. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.