Viernes 26 de abril

26.04.24

Viernes 4ª Semana de Pascua

San Isidoro de Sevilla

PORTADORES DE JESÚS

Los discípulos de Jesús piensan, viven y actúan bajo el influjo de Jesús y se convierten en portadores de Jesús e incorporados a la vida ya la acción de Jesús por su elección y por su gracia. San Isidoro de Sevilla fue un gran portador de la verdad y de la vida de Cristo en el siglo VII. Todos tenemos que ser «cristóforos», o portadores de Cristo y de sus dones.

Cuando el evangelio nos dice: «Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5,13), Cristo no nos pide que seamos un bloque inerte o una estatua de sal como la mujer de Lot. Quiere que influyamos positivamente en la santidad de los demás y que seamos a la vez «luz para el mundo» (Mt 5,14). La verdadera «luz del mundo» es Cristo (Jn 8,12), y sólo, en un sentido secundario y subordinado a Él, podemos ser nosotros, los creyentes, portadores de su luz y de su verdad.

Hemos de ser también portadores del buen sabor de Cristo, de su santidad y de su incorrupción como comunicadores de su sal. Sin la sal de Cristo en nosotros nos convertimos en corrupción y en pecado, en sal corrompida que todo lo estraga y lo destruye. Tal vez, por eso, San Marcos nos dice: «Tened en vosotros la sal» (Mt 9,49), no en un sentido material, sino para que seamos portadores de la santidad y del sabor espiritual de Cristo. Es un gran don de Dios el que nos haga participar por su gracia de la santidad y la pureza de Cristo, Crecer en su santidad es el gran ideal del cristiano y del creyente.

Somos también portadores de la luz (Mt 5,14) y de la Palabra de verdad que es Cristo. No podemos adulterar ni degradar su palabra y su luz, sino a riesgo de convertirnos en mensajeros de la mentira y del poder de las tinieblas. «El que quite una tilde a la Palabra, será el más pequeño del Reino de los cielos» (Mt 5,19), el que desfigure párrafos enteros, no es digno del Reino de Dios (Ap 22,19) y será privado de su parte en la ciudad santa y del fruto del árbol de la vida.

Finalmente, buscamos ser partícipes de la sabiduría del Crucificado (1 Co 2,2) y del poder de su Espíritu (1 Co 2,4) que penetra hasta las profundidades de Dios.

«Evangelizad con mi ayuda a tiempo y a destiempo. Anunciad mi Buena Noticia a los pobres, que viven tantas experiencias adversas. Buscad mi consuelo en las palabras vivas de mi evangelio y en el servicio amoroso de los abandonados y afligidos. Sanadlos en mi nombre».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.