Viernes de la 12ª Semana
ME BASTA TU VOLUNTAD
No siempre comprendemos con claridad los caminos de la voluntad de Dios, que pueden resultar oscuros y difíciles de explicar y justificar para el entendimiento humano. Dios podría haber hecho un pacto con Abrahán y sus herederos israelitas de un modo diferente; pero Él eligió esta cláusula: «Circuncidad a todos vuestros varones» (Gn 17,10). El querer de Dios es santo y santificador cuando se acepta con fe.
Hágase, Señor, lo que Tú quieres y permites sobre tus criaturas débiles siempre, con frecuencia rebeldes y, a veces, sumisas y amorosas. Ante Jerusalén destruida, Tú solo me bastas como mi ciudad y mi refugio; tu santa voluntad me basta y es suficiente para sostenerme en mi debilidad y para salvarme.
Adoro, Señor, tu voluntad en mis hermanos y hermanas enfermos, destrozados y moribundos. En ellos también habita tu hermosa y santísima voluntad misteriosa, salvífica y bienhechora. En ellos quiero decirte como María: «Hágase según tu Palabra», «Fíat». Ayúdame a vivir unido siempre a tu santa voluntad. Tu voluntad me basta, me fortalece y me sostiene.
Adoro también tu voluntad sanadora. Si entra dentro de tu santa voluntad, «si quieres, puedes limpiarme» (Mt 8,2), Te dice el leproso del evangelio de hoy. Y Tú contestas: «¡Quiero; queda limpio! Y enseguida quedó limpio de la lepra» (Mt 8,3). Poderosa, salvífica y sanadora es la voluntad de Cristo, nuestro Salvador. ¡Qué gran tesoro es vivir de esta voluntad poderosa, transformadora y vivificante!
Hágase, Señor, tu voluntad de sanaciones y de milagros entre tus hijos y hermanos necesitados para que el mundo crea. Amén.
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.