Viernes 4ª Semana de Cuaresma
DISCERNIR A JESÚS
No podemos conocer y discernir bien las cosas de Dios sin la ayuda del Espíritu de Dios, el único qué las puede penetrar. Necesitamos su luz, su interpretación, su enseñanza para entender: «El Señor me instruyó y comprendí, me explicó lo que hacían» (Jr 11,18).
Hasta para discernir bien las actuaciones de los hombres se requiere el discernimiento de lo alto: «Dijeron los impíos razonando equivocadamente: Acechemos al Justo que nos resulta incómodo» (Sb 2,1.12). Y se equivocan al hablar del Justo con medidas humanas.
No basta la razón humana para comprender el misterio de Jesús. «¿De dónde le viene a éste la sabiduría si no tiene estudios?» (Jn 7,15), se preguntaban desde su razón humana los judíos. Con la luz de lo alto Jesús les puede contestar: «Lo que enseño, viene de Dios, que me envió (Jn 7,17). Con la razón humana los judíos dicen de Jesús: «Este sabemos de dónde viene (de Nazaret), mientras que el Mesías … nadie sabrá de donde viene» (Jn 7,27). Y no caen en la cuenta de que no saben que Jesús viene de Dios: «el que me ha enviado es veraz; a ése vosotros no lo conocéis» (Jn 7,28).
«Dejad de juzgar por lo exterior; juzgad con medidas verdaderas» (Jn 7,24), enseñaba Cristo. Los judíos valoraban superficialmente a Jesús cuando decían: «¿Es que de Galilea va a venir el Mesías?» (Jn 7,41), y creyéndose sabios, ignoraban que Jesús venía de Belén de Judá y de David. Líbranos, Señor, de discernimientos superficiales y semicultos. Danos discernimiento de lo alto, según tu verdad y tu Espíritu de vida. Amén».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.