Viernes 7 de julio

7.07.23

Viernes de la 13ª Semana

ENCUENTROS CON CRISTO

Dios no nos llama a tener encuentros esporádicos y superficiales con Él. Quiere tener con nosotros encuentros prolongados, que se basan en nuestra alianza profunda y como matrimonial con Él. El Señor para favorecer nuestro encuentro con Él nos incorpora a su misma familia de hijos suyos y hermanos de Jesús. Abrahán, cuando buscó esposa para su hijo Isaac, trató de que fuese una mujer de su misma raza (Gn 24,34) y no una cananea. Rebeca será la mujer elegida como esposa de Isaac para siempre. Así ha de ser nuestra alianza de fidelidad a Dios: estable y duradera.

El poder encontrarse con Cristo, desde el amor y la gracia y con un compromiso firme, fue una de las cosas más hermosas que le pudieron suceder a Mateo, el recaudador de impuestos para Roma, la potencia extranjera y dominadora. Cristo le dijo simplemente: «Sígueme» (Mt 9,9), y, ante la invitación de Jesús, Mateo lo siguió sin condiciones y lo invitó a su mesa.

En el encuentro del pecador con Cristo, aquél queda santificado y perdonado por Jesús: «No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Mt 9,13). En el encuentro íntimo del enfermo con Cristo, el afligido recibe fortaleza y curación: «son los enfermos los que tienen necesidad de médico y no los sanos» (Mt 9,12). Cristo, médico de los cuerpos y de las almas, sana a muchos enfermos que llegan a tener con Él un encuentro personal regenerador y vitalizante. ¡Cuántos han sido curados por Cristo a lo largo de los siglos! Por cada uno de ellos damos gracias a Dios en Jesucristo.

A los creyentes en Cristo se nos ha regalado además un encuentro íntimo con Él en el sacramento de la Eucaristía, que debería convertirse en un encuentro de amor y de intimidad con el que nos amó hasta el exceso de su muerte por nosotros. Este es el maravilloso banquete en que Cristo es nuestro manjar de vida y es tan superior al banquete que Mateo ofreció a Jesús en su conversión.

Señor Jesús: que nuestros encuentros Contigo, Palabra eterna y viva, sean sanadores y salvíficos, pues creemos en Ti y Te amamos. Que no sean encuentros severos y terribles con el Juez, que revisa nuestras infidelidades y pecados, sino con el Amigo que es perdón y misericordia del Padre para con los hombres.

El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.