Viernes de la 9ª Semana
Sagrado Corazón de Jesús
MISTERIO DE AMOR
Cuando hablamos del Corazón de Cristo, estamos hablando del amor divinohumano del Hijo de Dios por su Padre y por los hombres. El Corazón de Cristo, abierto en la Cruz por una lanza (Jn 19,34) es la gran escuela del amor sacrificado que se entrega y se inmola hasta la misma muerte por aquellos a quienes ama. Sólo entrando en este Corazón humano y divino, podremos comprender algo de las riquezas insondables (Ef 3,8) del Amor, que es Cristo. En él «sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación» (Is 12,3).
En la intimidad del Corazón de Cristo comprenderemos algo de ese amor, que trasciende toda filosofía (Ef 3,19) y toda comprensión humana. Veremos la anchura del amor de Cristo (Ef 3,18), en donde cabemos todos los hombres, y entenderemos la estrechez de nuestro amor, tan angosto, tan excluyente, tan egoísta y tan empequeñecido, si Cristo no nos lo ensancha con su poder y con sus ejemplos de amor.
En el Corazón de Cristo, empezaremos a comprender la largueza de su amor, pues por mucho que avancemos en su interior, jamás encontraremos su fin y sus límites, porque es infinito e insondable. Al habitar en el Corazón de Jesús por la fe, veremos lo profundo de su amor (Ef 3,17), que llega a lo más hondo del hombre y a sus miserias para curarlas. Y no caeremos en el error que reprende Dios por el profeta: «él no comprendía que Yo le curaba» (Os 11,3).
Descubriremos en el Corazón de Cristo el misterio de su amor, también cuando nos prueba y cuando su amor envuelve el misterio de nuestro sufrimiento y nuestras muertes. Cuando un hombre dice: ‘Dios no me ama, pues me prueba duramente’, ignora la profundidad del amor de Dios que le sumerge en su misterio. Tampoco podremos alcanzar debidamente la altura del amor divino del Corazón de Cristo (Ef 3,18), porque el amor de Cristo supera toda ascensión y medida nuestras.
Divino Corazón de Jesús: Te pedimos que tu amor sea nuestra raíz y nuestro cimiento (Ef 3,17) y que nos admitas en la escuela de amor de tu Corazón para que aprendamos a amar como Tú amas al Padre y a los hombres y para que podamos llegar a la plenitud del amor en Ti. Amén.
«Venid y descansad en este Corazón que os ama sin límites. En el amor infinito de mi Corazón tenéis cabida todos: los pecadores, para regeneraros y salvaros; los tibios para que seáis abrasados en el fuego de mi amor, y los fervorosos para vivir y gozar la bienaventuranza de mi amor. Refugiaos desde hoy en mi Corazón».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.