La Inmaculada Concepción
LA LLENA DE GRACIA
Nadie preparó mejor los caminos para la venida del Mesías que María Inmaculada. Ella fue la «llena de gracia» (Lc 1,28), desde el primer momento de su ser y para siempre. Ella obtuvo una gracia «incontaminada, ofrecida en Cristo Jesús (1 Co 1,4), en previsión de los méritos de nuestro Salvador Jesucristo» (Definición Dogmática).
Al darse en María, la ausencia de todo pecado, se resalta el aspecto excluyente de la mancha, y podemos llamarla la Inmaculada, la «sin mancha». Al estar en ella presente la gracia santificadora de Dios en plenitud, también podemos proclamarla «la toda Santa», o «Panaghia» con la liturgia oriental griega. Damos gracias a Dios por las grandezas que realizó en María Inmaculada.
Por la gracia santificante está presente en nosotros el Espíritu de Dios. El orden de la gracia supera maravillosamente al orden de la naturaleza y hace presente a Dios en nosotros. Por la gracia somos irreprochables y santos ante Dios por el amor (Ef 1,4). No perdamos la gracia de Dios irreflexivamente, como la perdió la primera Eva (Gn 3,13) para sí misma y para sus descendientes. Guardémosla como el gran tesoro, como el comienzo de la gloria, como el embellecimiento del alma, que hermoseó a la Purísima María ante los ojos de Dios.
María Inmaculada, Madre y Virgen: limpia nuestro pecado; alcánzanos de tu Hijo gracia santificadora en abundancia. Haznos puros y santos hijos tuyos. Que así sea.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.